Que no están sujetas.
Al cambio que uno,
Intenta someterlas.
Pero me di cuenta una cosa.
Que esto no se trata,
De hacerse el contra.
Quizás la decisión,
De todas estas acciones.
No esté ligada,
A nuestras propias intenciones.
Y no controlarlas,
Sea la mejor opción.
Y jugar en el tablero,
Con alma de peón.
Y que las reglas de la partida.
No las elegimos nosotros,
Sino que estamos dentro.
Del engranaje de otros.
Y dejar que nos abrace,
La fuerza del caos.
Por ese flujo,
Que nos deja desconcertados.
Que nos lleva un rato acá,
Y después nos lleva allá.
Y nos pasan tantas cosas,
Que no alcanzamos analizar.
Con alma de peón.
Y que las reglas de la partida.
No las elegimos nosotros,
Sino que estamos dentro.
Del engranaje de otros.
Y dejar que nos abrace,
La fuerza del caos.
Por ese flujo,
Que nos deja desconcertados.
Que nos lleva un rato acá,
Y después nos lleva allá.
Y nos pasan tantas cosas,
Que no alcanzamos analizar.
Pero también después de eso,
Uno observa que pasó.
Y se unen todas las partes,
Y la partida terminó.
Y el todo se acercó.
Y nos dio tranquilidad.
De acomodar la estantería,
Y de volver a empezar.
Entonces dejamos de intentar,
Y de evitar las dolorosas.
Porque hizo eco en nuestra vida,
Que para algo pasan las cosas.
Uno observa que pasó.
Y se unen todas las partes,
Y la partida terminó.
Y el todo se acercó.
Y nos dio tranquilidad.
De acomodar la estantería,
Y de volver a empezar.
Entonces dejamos de intentar,
Y de evitar las dolorosas.
Porque hizo eco en nuestra vida,
Que para algo pasan las cosas.