En la cárcel.
La sombra de los cuervos entran a la luz del día.
Y tienen la osadía
De posarse en tu hombro izquierdo.
Recordándote en secreto
que estás preso de ti mismo.
Y el secreto te vuelve loco
crea una celda mas
y nuevos cuervos sobrevuelan
la carroña que van a devorar.
Olor a podredumbre, olor a humedad.
Olor a mierda, aroma a enfermedad.
En la cárcel te dejan ver la luz del día.
Por la ventana donde entran los cuervos.