El día que la muerte me abrazó
no pensé miedo.
Sentí cósmico,
la fuerza que unge el movimiento.
Se mostraba ante mi conciencia.
Como un libro de primaria,
Exponiendo ante mi toda evidencia.
Y fue tan en vano.
Saber tanto.
Tan vacío.
Que lo único que he encontrado
Fue el ímpetu,
De volver sobre los pasos.
De tallar el propio fuego.
De explorar cada pedazo:
La pasión de conocerse.
Así,
A si,
Mismo.
Al final del abrazo
degustaba un sabor extraño.
No había libros.
Ni ejercicios.
Ni circuito,
para salvarnos.
No había salvación.
Había un camino.
Propio.
Para avanzar y.
Llorar los llantos.
Gritar las rabias.
Odiar el odio.
Reír las risas.
Amar el amor.
Así.
Sincero.
Reconociendo y esquivando,
las trabas que nos ponemos delante.
Porque morimos de miedo
de lo fácil que es vivir sinceramente.