Pienso en mis problemas para solucionarlos.
Es un lío mi cabeza.
Pienso un problema y después en otro.
Y dejo pasar las soluciones.
Hay que encontrar la punta del problema y un centímetro después encontras una bola de cables de distintos colores.
Está el de la guita que es el mas negro.
Está el del amor que es el rojo que está enredado a todos los demás.
Está el verde que no se qué es ni tampoco que hace ahí,
pero está todo enmarañado.
Es así.
Los problemas mentales son como los cables enredados.
Hay miles y no sabes dónde está el principio, ni el final.
Son tantos que tardaríamos una vida entera en desenredarlos.
O al menos tanto como el tiempo que tardo yo en pensar estas cosas, sin moverme, con la mirada clavada en el vacío, mientras el cajero me grita que me toca a mi ahora pagar los impuestos.
Es así.