jueves, 29 de agosto de 2019

La plaza mágica

Después de Tarija, en el estado plurinacional de Bolivia, quise conocer Cochabamba. Desde la ciudad del Singani no se escuchan demasiadas noticias sobre Cochabamba. Sólo que tiene el mismo clima. Hay tres ciudades que tienen el mismo clima en ese país. Tarija, Cochabamba y Santa Cruz. Son ciudades que estan rodeadas de montañas, como casi todo Bolivia, pero el clima de estas es más cálido que las demás urbes y todas se autodenominan ciudad de la eterna primavera. Los rumores que me llegaron hablaban sobre una ciudad linda. En las que los viajeros malabaristas son hostigados por la policía y migraciones. Después de haber estado ahí puedo decir que esto es verdad. Y que los obligan de mala manera policiaca a pagar un permiso de trabajo. Al Suria y a Nené los vieron caminando vestidos bien coloridos y directamente los llevaron al cuartel. Los maltrataron y ellos debieron pagar 800 bolivianos, que son 105 dólares estadounidenses, para poder quedarse en el país. Por suerte el Suria y la Nené son personas con un halo muy especial, ellos le dieron para adelante como si nada hubiese pasado y la situación quedó bajo el olvido.
La ciudad es muy linda. Llena de movimiento. Y tiene la que a mi me pareció la plaza más linda en la que estuve. No puedo explicar en este texto cuanto me gustó estar leyendo La Casa de los Espíritus de Isabel Allende en su plaza principal, y contemplar el instante que la oscuridad se adueña del cielo y las luces de la plaza se encienden, todo se vuelve mágico. Si. Mágico. Por mas que busque no encuentro otro adjetivo más apropiado. Para mi fue una especie de mezcla entre tranquilidad y esa sensación que te producen las historias cuando estas en el medio del libro y no podes parar de leerlo. Como le pasa a usted en este momento.
Cuando llegué a Cochabamba me aloje en un hostel bien de viajeros, en donde un pajarito me contó que a la noche, cuando todos están durmiendo, entra migraciones a requisar las habitaciones. Y pobre de vos si descubren que tenes el talento de hacer malabares. Por suerte yo soy youtuber y escritor, porque si fuese malabarista todavía estaría llorando mis pérdidas requisadas.
Este lugar era barato, pero al segundo día conseguí un contacto por couchsurfing.com que aceptó alojarme y para no gastar decidí ir. La cita para dar con él era el jueves a las 7 de la noche en la mejor plaza del mundo, por lo menos hasta ahora en mi escalafón.
Llegó el Jueves. 7 de la tarde. La plaza estaba llena. Varios grupos de viejitos reunidos en los bancos. 12 docenas de parejas amieladas disfrutando de la magia del ambiente cálido. Un grupo de izquierda haciendo un acto de apoyo al presidente de Venezuela, una señora dando un discurso repetitivo sobre los amos del mundo y los iluminatis, familias sacándose fotos, niños persiguiendo las palomas, vendedores ofreciendo todo lo que tiene precio, adolescentes patinando y batallando con la nueva onda del rap y yo esperando a quien me iba a alojar. Un universo perfectamente balanceado se dieron cita el jueves a las 7.
Se hicieron las 7 y nadie llegó. 7:15, y nadie llegó. La vida dentro del universo plazacochabambístico seguía su rumbo si no hubiese sido por el tumulto que se armó en el acto de izquierda, con los que organizaban el acto en favor de Maduro,  contra los venezolanos que pasaban por ahí y descargaban sus anhelos de hogar, y sus desarraigo gritándole a los del acto qué sabían ellos de su país. Increíble situación en la plaza mágica. Todo esto hubiese sido sólo increíble si no fuera por el momento en el que el encargado del acto en favor de maduro empezó a acercarse a mi. Cada vez más. Me pregunto mi nombre. Se presento. Y resultó ser el que me iba a alojar a mi. ¡Chúcha! Como dicen en Bolivia para exclamar algo extraño. En la que me metí. Si esto ya era increible, ahora supera la ficción. Y bueno, todo ahí era mágico. Había que vivirlo. Si me hubiese quedado en mi casa en vez de salir a dar la vuelta al mundo sin saber como no estaría escribiendo esto. Ni tampoco que el lugar donde me aloje no tenía puertas ni agua caliente. Pero esa es otra historia.